Y si, también hubo faraonas. No muchas, pero si hubo mujeres que rigieron los destinos de Egipto en algunas épocas. Hubo algunas que gobernaron en solitario, aunque otras lo hicieron como corregentes de sus hijos.

Las más conocidas fueron Tausert, Hatshepsut y Cleopatra VII, aunque hubo más.

El caso más espectacular fue el de Hatshepsut, que tiene una historia fascinante.

Ella fue hija de Tutmosis I, y nieta de Amenhotep I. Se casó con Tutmosis II, y tuvo una hija, a la que llamó Neferure. Pero su marido murió joven, y ella no se volvió a casar. Al no tener hijos varones, se planteó el problema de la sucesión. Para ello se recurrió a un hijo de su marido y una concubina, un niño de corta edad y carácter fuerte. Ella asumió la regencia mientras que el chico crecía, aunque luego prolongó la regencia y gobernaron al tiempo durante algunos años.

Entre ellos había profunda antipatía. Ambos se parecían mucho físicamente y también en el carácter. Esto no era extraño. Tutmosis II y Hatshepsut eran hermanos, por lo tanto el muchacho era su sobrino-hijastro. Cuando Tutmosis III creció se reveló como un gran gobernante, gran estratega militar, que extendió las fronteras de Egipto hasta lugares lejanísimos. Durante el reinado de Tutmosis III Egipto tuvo la mayor extensión de su historia, y por ello se le llamó el Napoleón de Egipto.

Mientras duró la corregencia, ella se dedicaba a estar en Tebas y ejercer de reina, mientras él estaba ocupado en campañas militares. Ella, al parecer, consoló su vida de viuda joven con un visir-arquitecto llamado Senenmut (Hay quien opina que él fue el padre de Neferure).

Senenmut construyó el magnífico Templo de Millones de Años de Hatshepsut, conocido por Deir-el-Bahari –nombre árabe que significa Convento del Norte- y que en la antigüedad fue conocido como Djeser Djeseru, que significaría Perfección de Perfecciones.

No obstante, la hostilidad entre Hastshepsut y Tutmosis III quedó patente a la muerte de ella, puesto que su sobrino se dedicó a destruir cuantas imágenes encontró, y a borrar el nombre de su tía-madrastra de todos los monumentos. Ya sabemos que para ser inmortales, los antiguos egipcios necesitaban que su nombre se repitiera, y no se perdiera en el olvido. Por lo tanto borrar el nombre era como condenarla al olvido.

El parecido físico entre ambos y la confusión de nombres en los monumentos hace que muchas veces no se sepa a ciencia cierta si es uno u otro el representado en las imágenes.

Como dato curioso, diré que ella se hacía representar como un hombre cuando desempeñaba ritos y ceremonias de faraón. Es decir, no podemos hablar de la reina Hatshepsut, sino que deberíamos llamarla faraón, en masculino.

La otra reina legendaria fue Cleopatra VII. Pero realmente a Cleopatra la podemos considerar griega más que egipcia. Ella pertenecía a la familia de los Lágidas, y pensaba, vestía y actuaba como griega, sin que ello supusiera que renunciaba a su condición de reina de Egipto. Su lengua materna fue el griego, y su ídolo era Alejandro Magno. No obstante en las ceremonias oficiales, se vestía a la usanza egipcia, y aprendió la lengua de los faraones, aunque en su variante ptolemaica. Es decir, que cuando pensamos en Cleopatra vestida como Elizabeth Taylor, se trata de una idealización. Digamos que ella se "ponía el traje regional" para las fiestas y ceremonias.

Fue una mujer muy ambiciosa, y primero enamoró a Julio César, con el cual tuvo un hijo al que llamó Ptolomeo Cesarion. Ella viajó a Roma acompañada del hijo de César, lo cual supuso una conmoción. Julio Cesar estaba tan enamorado de ella que incluso construyó un templo a Venus Genitrix en su foro, y puso la cara de su amada a la estatua de la diosa

Cuando Julio Cesar murió asesinado, Cleopatra inició una larga relación con Marco Antonio, del cual tuvo dos hijos más. El prometedor romano abandonó sus obligaciones de triunviro y se fue a vivir a Egipto. Marco Antonio acabó enfrentado a Octavio, quien le derrotó en la batalla de Actium. La leyenda dice que ambos se suicidaron.

Aunque se ha hablado mucho sobre su belleza, creemos que Cleopatra fue fundamentalmente una mujer muy inteligente, atractiva y con un sentido de la política muy arraigado. Fue la última de los gobernantes griegos de Egipto, que, a partir de entonces cayó en manos romanas.