El
cofre
Hace
muchos años un poderoso sultán, ya de avanzada edad, hizo comparecer a un
santo ermitaño y le dio el siguiente encargo:
"Quiero
que viajes sin descanso de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad hasta que
encuentres la persona más tonta. Cuando la halles le entregas este cofre
dentro del cual hay un pergamino sellado que hace años me dio un sabio hombre
con ese fin."
El
ermitaño dijo que en nombre de Dios aceptaba ese encargo y comenzó una
peregrinación que lo llevó a lejanos países. Visitó todos los lugares,
conoció infinidad de personas, pero nunca vio a alguien que para él fuera
el más tonto.
Un
día se enteró que el sultán había enfermado de gravedad y, de inmediato,
regresó al palacio y lo encontró moribundo.
Oyó
que el sultán repetía esta queja:
"Mis
riquezas, mis riquezas, las acumulé toda mi vida no me las puedo llevar
conmigo. No quiero dejarlas, no quiero dejarlas, ¿qué voy a hacer sin
ellas?"
Entonces
el ermitaño le dio el cofre al sultán y adentro se leía esta frase:
"Solo
hay una riqueza que permanece: EL AMOR".
©
2003 Pilar Socorro