Cuentan, que un hombre paseaba todos los días por una solitaria playa. Disfrutando de su soledad, de sus pensamientos y de las caricias que le proporcionaban la brisa y las olas del mar.

Un día se sintió inquieto y asustado ya que al mirar a su espalda, vio en la arena, junto a sus huellas, otras igualmente recientes y que caminaban en la misma dirección que él. A su alrededor no vio a nadie.
Le intranquilizó esta situación y, mirando a todas partes, con cierta desesperación, pregunto:

 -¿Quién anda ahí?.

Hubo una pausa y una voz desde el cielo dijo:

-No temas. Soy Dios y he venido para acompañar tu paseo. Desde ahora caminaré junto a ti. Las huellas que ves junto a las que tu dejas, son mías.

Siguió este hombre su camino y lo recorrió día tras día. Su espíritu se fortalecía y su seguridad iba creciendo. No en vano, caminaba junto a Dios. Nada malo le podía ocurrir.
Un día al volver la vista atrás, vio que sólo se marcaba un par de huellas. Su desesperación creció y se pregunto con resignación por qué Dios le había abandonado.

Se abrieron los cielos y la misma voz le dijo:

-¿De verdad crees que te he abandonado?. Ahora estoy contigo más que nunca. Si miras atrás, efectivamente, verás sólo un par de huellas. Son las que dejan mis pies. Las tuyas no se marcan -dijo Dios- porque ahora yo te llevo en brazos.


Lo envía Bonillero y  nos dice: "Es una adaptación particular del libro, "siempre estoy contigo" Douglas Boch (creo) de la colección  "Los Libros del Comienzo". Se lo dedico a Gracia (mi peque), con la que no puedo pasar todo el tiempo que quisiera"